Capo Vaticano y el oráculo que negociaba con monstruos marinos (Mamma Santissima)
El propio nombre lo dice todo: Vaticano no tiene nada que ver con el Papa de Roma, sino que proviene del latín vaticinium (oráculo o profecía). En la Antigüedad, la pitonisa Mantea habitaba justamente sobre estos acantilados.
Cuenta la leyenda que los marineros de la Antigüedad —entre los que al parecer se encontraba el mismísimo Ulises— debían hacer una parada frente a las rocas para entregar ofrendas a Mantea. Necesitaban con urgencia su consejo sobre cómo sortear a las temibles criaturas marinas, Escila y Caribdis, que acechaban en el estrecho de Mesina.
La vuelta de tuerca humorística de la historia es que Mantea tenía bastante poco de sacerdotisa mística y mucho de mujer de negocios implacable. El pronóstico del oráculo dependía por completo de lo gorda que estuviera la cabra o de lo exquisito que fuera el vino que los marineros trepaban acantilado arriba. Si solo le llevaban un pollo flaco, la lúgubre profecía solía ser: «Escila os devorará a todos». En cambio, si traían una importación del mejor aceite de oliva, la predicción cambiaba de golpe: «Girad dos puntos hacia la izquierda y los monstruos estarán profundamente dormidos».
En esencia, se trataba de la primera aplicación de navegación de pago de la historia de la humanidad.




























